Desde que el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad comenzó a recorrer el país, hubo un integrante que llamó mi atención, sus palabras y su forma de hablar no eran como las de los otros. En su tono nunca sentí furia, coraje, rencor y mucho menos un lenguaje estudiado para hacer que todo sonara tan fingido como me parecía que lo era el de Javier Sicilia. Sé que habrá detractores, pero crear un personaje empático como Sicilia me parece de lo más falso, si bien no conozco al poeta, no creo que el constante traje de Indiana Jones y el discurso con el tono de Paco Stanley recitando poesía sea creíble, sin embargo no cabe duda que le dio resultados.
Con Julián LeBaron me pasó muy distinto, si bien su tono es “diferente”, en diversas entrevistas me interesó profundamente cada respuesta que dio, su principal argumento era que él pensaba que el gobierno no resolvería nuestros problemas, que deberíamos ser nosotros los que nos “gobernáramos”, hablaba de un poder ciudadano real, quizás nunca dimensionó lo que esto implica, sin embargo me parece que esta es idea bastante viable.
Si bien no entendí hasta después de mucho reflexionar sobre lo que esto significa, me parece prudente retomar mis ideas en tiempos electorales. No sé si ustedes se han preguntado en qué momento de la historia pasamos de ser una comunidad “independiente” a ser esclavos de alguien más. No se adelanten a pensar que el capitalismo es el culpable, eso no puede ser admitido, más bien creo que el problema ha sido siempre una conquista ideológica y una esclavitud mental autoimpuesta.
Como lo decía LeBarón, tendríamos que dejar de creer que los políticos solucionarán los problemas de la gente, quien crea que un candidato, de cualquier partido, vendrá a solucionar los problemas de pobreza, inseguridad, falta de empleo, etc. Está totalmente equivocado. ¿Por qué les sorprende entonces que cada año electoral sea lo mismo?. Es aquí donde tendríamos que revisar no sólo la política y a quienes la forman sino a nosotros mismos. Un autogobierno no es igual a una anarquía, es más bien asumir nuestras propias responsabilidades y tener los suficientes “huevos” para actuar y cambiar no al País sino a nosotros mismos. Ya basta de ver siempre los errores en todos menos en uno. Para que el País cambie es necesario que la gente cambie, personalmente en primera instancia y ya después en sociedad, todo esto permitirá generar una verdadera revolución.
Es momento de decir la verdad, el que seas pobre no te da derecho a ser huevón ni cochino, el que seas rico no te da derecho a ser prepotente ni ojete, el que seas listo no te da derecho a hacer menos a los demás, el que seas tonto no te justifica a no buscar la superación. Si no tienes búscale, si te sobra comparte, si te falta trabaja, si no te gusta dilo, propón, actúa y no sólo te quejes.
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